Celosías
domingo, 1 de junio de 2008
Cosas más detestables que los celos no debe de haber en la historia social de la humanidad. Celos de con quién estas, con quién estarías, con quién hablás, con quien hablarías, con quién te encuentras, quién te gustaría, y la infinita cantidad de probabilidades futuras y/o concretas que conllevan a una situación enfermiza, sádica y masoquista en idénticas proporciones. Los célos.
Celosos los hay de todos los tamaños. Y no me refiero a lo físico, sino a la cantidad y calidad de los celos para difundir. Hay personas que parecieran tener un stock ilimitado y en continua producción, con riesgo a sufrir deflación por las leyes de oferta y demanda. Y es entonces cuando tienen que sacarlos a flote. Mostrárselos al mundo. Hacerles ver al desgraciado que les toque en suerte de pareja, amigo, pariente, que son los únicos que tienen derecho a sentir cariño de parte de ellos, aunque no ejerzan ese mismo derecho.
Hay celos sanos, divertidos, necesarios. Pero hay otros que son tristes, insoportables, imposibles de aguantar, injustificados, innecesarios, indescriptibles y absolutamente infundados. Los primeros, son hasta buscados por el receptor del reclamo celosíaco. Los motivos, váya a saber uno. Algunos masoquistas dirán que se sienten queridos. Otros, más lindantes al suicidio asistido, sostienen que es una forma que tiene su pareja de demostrarle que los quiere...a mí me sacan.
Detesto los celos extremos, psicóticos, lindantes con la enfermedad mental de quien los profiere. Propios de una mente insegura que no encuentra mejor forma de conservar a su ser amado que inventándoles posibles usurpadoras del corazón. Dicen que algunos celos son lindos, que levantan la autoestima. Yo prefiero que me digan cuánto valgo, antes que me hagan una escena por alguna estupidez
Sostengo que si esa persona ha de serte infiel, por más que le pongas un GPS inserto en alguna parte secreta del cuerpo, lo único que hará es mostrarte dónde es que te es infiel. Si lo único que hacés es controlarlo 27 horas al día, lo unico que lograrás es tener una fidelidad no certificada. Porque de nada sirve decir me es fiel porque no le doy oportunidad de hacer otra cosa. No. Lo valedero es que te sea fiel porque quiere, no porque se lo impongas. Sino ¿Qué sentido tiene conservar a una persona por lo que uno quiere que sea y no por lo que es en sí?
Detesto los celos por ser uno de los sentimientos más animales que tenemos los seres humanos. Acá esta la hembra, acá esta el macho. Me resulta cuasi infantil, de no me toquen a mi papito, no me toquen a mi mamita. Detesto esa clase de actitudes y me sacan de quicio.
Odio que el hombre, como generalidad de la especie, no pueda controla algo tan instintivamente salvaje como los celos. Detesto a las personas que no pueden ser felices por vivir tratando de que no les adornen la mollera. Como si eso fuera garantía de fidelidad.
Y ahora los dejo que quiero saber con quién está hablando ella...
Y Sanseacabó!
martes, 27 de mayo de 2008
Hoy les presento una colaboración de alguien que ni siquiera figura entre los autores registrados, que me ha llegado vía e-mail. Se trata de la misteriosa M, que prefiere mantener su identidad en reserva, y vamos a respetar su deseo.
Esto es lo que M vino a decir:
Soy una antigua consumidora de películas, mi gusto por el cine viene de larga data.
Aún recuerdo tardes de domingos enteras, mirando esos spaghetti westerns del año de ñaupa o alguna que otra de la época de oro de las comedias musicales. Sí yo vi La Novicia Rebelde, montones de veces la vi y lo digo sin ruborizarme!
Todavía me ácuerdo de las despanzurradas de risa que tuve con mis hermanos, sentados en la alfombra del living mientras mirábamos a Terence Hill y Bud Spencer (si a estos también los vi).
O la cara de mi vieja mientras miraba a Romi Schneider en Sissí Emperatriz.
He visto alguna que otra película a lo largo de mis casi 40 pirulos.
He visto películas: buenas y malas, en blanco y negro y color, en video y dvd, mudas y con sonido, de Holliwood y europeas, largometrajes y cortometrajes. Podría seguir enumerando lo que he visto, pero ya se darán una idea que no fueron unas pocas.
Bueno está bien!!! Hasta el Acorazado Potemkin me vi!
Pero nada de lo que vi me preparó para esta moda de películas sin finales, con finales abiertos y demás caprichos de creatividad de guionistas y directores.
Antes uno sabía que no importaba la forma: podía ser feliz, podía ser triste, podía ser dramático o de cualquier manera; pero antes del THE END la cosa quedaba resuelta.
Ahora una se come tres horas de película solo para empezar el arduo trabajo de darle forma al final.
Una termina pensando si los protagonistas serán felices y comerán perdices, si se van a una comunidad nudista con Eniko y Hanglin o si se atan una piedra al cuello y se arrojan al mar al grito de: adiós mundo cruel.
Si no quieren terminar las películas, para que corno se embarcan? eh
Da como la sensación que los tipos terminan así como de favor.
No señores! Laburen. Uds cobran fortunas para hacer una película, así que me la hacen del principio al fin!
No quiero quedar tres días imaginando un final, no quiero más charlas con amigos debatiendo si la mirada final del protagonista quiso decir esto o aquello.
A mi me dan el paquetito cerrado!!!
Como quieran, pero las terminan: con beso y múscia romántica, con puñalada trapera al protagonista, con cataclismo nuclear que no deje nada en pie... Como quieran!
Pero quiero películas con finales!!!
He dicho.
Destastando patrioticamente
sábado, 24 de mayo de 2008

Estoy harta, podrida, hasta acá. Detesto en lo más profundo de mi alma que usen al 25 de mayo para actos y peleas políticas y desvirtuen totalmente el significado de lo que pasó hace 198 años.
Ni hablar de que si te ponés una escarapela es porque estás con unos y no con otros y esas pelotudeces...
No me prestan atención.
viernes, 23 de mayo de 2008
Joder, como detesto partirme el lomo como un guajo tonto, escribiendo de política y cuando miro los comentarios, pues ná de ná. O tal vez sólo uno.
Tal es así, que para que no bajen las ventas, he abierto una sección porno en mi blog.
Luego de cada post fallido de política, vendrá un post de porno.
Carajo, mierda.
Detesto el fracaso, pero no importa, seguiré adelante, cual Rodrigo el Cid.
Fui Yo
martes, 20 de mayo de 2008
Hay cosas que suceden en contra a lo que uno esperaba o diferente a lo que uno quisiera que hubiera sucedido. Por ejemplo: Usted esperaba que el colectivo se detenga en la parada donde habitualmente lo hace, levanta la mano expresando la voluntad de subir al mismo, y el chofer, se hace el otario y sigue su curso.
Aquí, el resultado no estaba previsto y uno hizo lo suficiente para que no suceda, por lo cual, la bronca va a ser notoria. Se acordará de aproximadamente de 15 generaciones femeninas ascendentes (madre, abuela, tía, tía abuela, bisabuela y todas sus variantes) y cosanguíneas directas e indirectas (hermanas, primas, etc).
El problema principal, lo que hace a la razón de este post, es lo detestable que resulta darse cuenta que el error fue de uno. Mismo ejemplo con variantes: Uno se coloca en la parada del colectivo, cree que el bondi va a parar ahí. El colectivo sigue de largo, y mientras usted empieza a insultar, levanta la vista y nota que en esa parada, dicho vehículo de transporte público, no se detiene. Quizás antes lo hacía y ahora cambió de recorrido. Tal vez, siempre estuvo equivocado y aquella vez paró de pura ganas que tenía nomás. Es entonces cuando la catarata de improperios son autoinfringidas.
¿Cómo se puede ser tan idiota? ¿Cómo no me di cuenta? ¿Cómo es que pasó que no preví el resultado?
Creo yo que una de las cosas más detestables es darse cuenta del propio error y encima, saber que se podía haber evitado. En un examen al que uno concurre con la preparación suficiente, escribe rápido y entrega sin revisar, el resultado contrario a nuestras expectativas genera tal bronca que una ciudad se podría iluminar durante una semana de la energía concentrada que tenemos a punto de estallar. ¿Contra quién? Contra uno mismo.
Es muy feo no tener a quien inculpar de las equivocaciones. Es peor la impotencia de saberse culpable que de no poder individualizar al responsable.
Detesto que esto pase. Odio cuando me sé en falta y que por mi culpa me veo perjudicado. Lo detesto. ¿Usted?
Malditas monedas, malditas pelas.
domingo, 18 de mayo de 2008
Detesto sobremanera que TODAS las monedas de 0.05 y 0.10 centavos, de acuñación 2008, no sirvan en absoluto en todas las máquinas tragamonedas existentes, ya sean de café, transporte público o telefonía pública.
Maldito el que quiso ahorrar miligramos de material en cada moneda y las ha vuelto inservibles.
Ñam, ñam, mumble, gasp ...
lunes, 12 de mayo de 2008
POST NÚMERO 100
sábado, 10 de mayo de 2008
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SÓLO PARA MOLESTAR.
PUEDEN DETESTARME.
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Análisis
viernes, 9 de mayo de 2008
- Qué demonios, es odioso que te pinchen. A nadie en su sano juici le puede gustar, aunque no lleguemos al extremo de la belonefobia.
- Es bastante detestable levantarte y no poder desayunar. Existen tres intervalos de tiempo claramente diferenciados: Cuando estás dormido eres feliz. Suena el despertador, te levantas, y es el peor momento, ahí tocas fondo. Luego desayunas y parece que se empieza a arreglar la cosa. Si no desayunas, te quedas en el peor momento... ¡hasta la hora de comer!.
- Es aborrecible hacer pis en un tarrito. Ays qué mal rollito da... Dios.. ¡Que no me tiemble el pulso!.
- Pero sobre todo, me pone los pelos de la nuca de punta, me dan escalofríos, siento verdadero terror de pensar que estoy yendo al trabajo en bus o metro, atestados de gente, recibiendo empujones y apretones, y llevo en el bolsillo o en la cartera o en una bolsa de plástico una pequeña, templada y palpitante muestra que debería estar etiquetada como biohazard, y que puede desencadenar el desastre por culpa de un frenazo mal dado.
De bares y fondas.
miércoles, 7 de mayo de 2008
Detesto sobremanera el minimalismo al que se ha sometido a los tostados de jamón y queso en nuestros bares, (Vosotros, tíos, si sois de España, quizás no tengáis idea de qué coña estoy hablando, pero intentaré darles una aproximación), nuestros amados tostados, casi un símbolo gastronómico nacional, están hechos de jamón y queso feteado, separados ambos componentes por lonjas de espumoso, esponjoso y delicadísimo pan, de factura similar al pan lacteado.
Aquí va lo detestable, se han reducido drásticamente las porciones en general, de aquello que para el común de los mortales de por aquí se denominaba "un tostado", de ser cinco piezas individuales, pasaron a ser tres.
El contenido de las mismas también sufrió recortes, al punto que tanto el queso como el jamón, no llegan a cubrir la superficie interna hasta los bordes.
Resumiendo, tanto la cantidad, como la densidad del producto final, se han reducido tanto, que antes un tostado era algo más que un tentempié.
Ahora pareciera que por nuestro estómago ha pasado un vil fantasma.
Joder, basta de recortar nuestros derechos a un buen tostado, sólo falta que carguen este minimalismo a la cuenta de la suba del petróleo.